El avión más caro del mundo en un país que está en quiebra

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ZIMBABWE COMPRA AVIONES QUE LUCEN LAS INICIALES DEL PRESIDENTE MUGABE, DEPUESTO EN 2017

Pocas historias más surrealistas, incluso para los estándares de Zimbabwe, donde el realismo mágico se ve desbordado por la realidad.

La historia empieza en febrero de este año. Observen que por entonces, los Mugabe ya no gobernaban el país, tras el golpe de estado de medio año antes. En esa fecha, marzo, el Gobierno de Zimbabwe intentó comprar cuatro aviones Boeing 777 para su aerolínea, Air Zimbabwe, que tiene una deuda descomunal, de 300 millones de dólares. Después de esos cuatro aviones, habrían de venir seis más, pero con el lío organizado en torno a esta compra, el resto de la operación ahora está en duda.

Como Air Zimbabwe está en quiebra y no puede volar porque si sus aviones salen del país serían embargados, el gobierno al parecer optó por comprarlos a nombre de otra aerolínea que se iba a crear, Zimbabwe Airways. Nueva compañía, sin deuda, nuevos aviones. Los aviones debían de llegar a partir de marzo. En ese mes, el aeropuerto de Harare recibe, procedentes de Kuala Lumpur, la primera de esas unidades (en la fotografía). Desde ese momento, los escándalos se suceden a velocidad de vértigo.

Primero: extrañamente, el avión llega a Zimbabwe pilotado nada menos que por Simba Chikore, piloto de avión, pero yerno del depuesto Robert Mugabe.

Segundo, un hecho que llena de ridículo al país: el primero de los aviones llega a Harare luciendo la matrícula: Z-RGM. La Z se corresponde con el identificador del país, pero las tres letras finales aparecían con grandes caracteres en la panza del avión y se corresponden con las iniciales del depuesto dictador Robert Gabriel Mugabe; otro avión, que llegaría más tarde, lleva las iniciales EDM, que se corresponden con las iniciales del vicepresidente de Mugabe, Emmerson Dambudzo Mnangagwa y el tercero RPM, para el segundo vicepresidente, Plelekezela Mphoko.. Todo Zimbabwe vivió semanas de frenesí al ver que uno de sus nuevos aviones llevaba las iniciales del dictador expulsado del gobierno. La locura. ¿Cómo puede suceder una tomadura de pelo así?

Tercer espectáculo: el primer avión es recibido en Harare por la hija de Mugabe, que después dijo que había ido a recibir a su marido, el piloto.

En ese momento, el ministro de Transporte dio una explicación de tamaño dislate: Joram Gumbo dijo que Zimbabwe Airways no era una empresa del gobierno, sino que es una empresa privada. Según esta versión, explicada ampliamente a la prensa por Joram Gumbo, la compañía era una iniciativa privada financiada por unos inversores que viven en el extranjero. O sea que poco se puede hacer en relación a la presencia de los Mugabe.

Hay un cuarto escándalo cuando se sabe que los aviones pertenecen a la flota maldita de Malaysia Airways, de la que un avión despareció en el Indico y otro fue derribado al sobrevolar Ucrania.

La historia adquiere un sesgo totalmente diferente cuando el ministro, presionado, acepta en el Parlamento que todo lo que había dicho era mentira, y que Zimbabwe Airways es una compañía del Gobierno, y que su equipo se equivocó cuando dejó que se pintaran las iniciales de los anteriores gobernantes y que todo fue culpa de la excitación que sintió cuando vio que era verdad que habían podido adquirir estos aviones. ¿Por qué mintió? El ministro dijo que si decían que era una empresa del gobierno, el precio de los aviones habría sido aún más caro.

Entonces el ministro intentó defender que esos aviones se habían vendido por superstición, pero que no tenían problemas –lo cual es cierto.

Sin embargo, la historia se ha revelado más complicada, si cabe. Al parecer, los Mugabe habían creado sobre el papel Zimbabwe Airways hace varios años. Su intención era que su compañía prestaría los aviones a la compañía pública y así, además de cobrar ellos, como propietarios, nadie podría embargarlos porque no eran del estado.

Al parecer, el ministro Gumbo quiso continuar el negocio tal como estaba diseñado por los Mugabe, hasta que, tal vez por el escándalo que se montó, decidió sobre la marcha que los aviones los pagaría el estado y que la aerolínea sería pública. Por eso alquiló un local para la aerolínea en una casa de su propiedad.

La Comisión de la Corrupción de Zimbabwe, que ustedes se imaginarán que debe de vivir desbordada de trabajo, se ha puesto a investigar y ha encontrado que lo pagado por los aviones tampoco cuadra, porque los aviones estaban fuera de servicio. Fuentes occidentales dicen que los malayos cobraron 41 millones de dólares y que de las arcas públicas salieron 181 millones. La prensa local crítica dice que los números no cuadran. Y a todo esto, el expediente de constitución de Zimbabwe Airways ha desparecido misteriosamente del Registro de Compañías de Zimbabwe.

Mientras, los aviones llevan meses al aire libre, sin operar, porque no caben en los hangares del Air Zimbabwe, compañía que además dice no querer saber nada de la nueva operadora.

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